El pecho o la fórmula. Los dos me hacían sentir mal. Tardé semanas — y muchas noches llorando — en descubrir que había un tercero, y que nadie me lo había nombrado.
Te lo cuento entero, sin romantizarlo, en 19 páginas.
No soy pediatra ni asesora de lactancia, y tampoco quiero serlo. Lo que vas a leer es lo que me pasó a mí: lo que esperaba, lo que dolió, lo que nadie me dijo y lo que terminé haciendo.
Si te reconociste en alguna, quiero que sepas dos cosas: no estás rota, y no te lo inventaste tú.
Tenía los comentarios encima. Tenía lo que me había dicho la doula. Y todas las asociaciones de lactancia son pro lactancia, claro. Me vi en un camino totalmente sola, con un mapa de dos casillas:
Das el pecho, pasas llorando y te matas psicológicamente.
Das fórmula — y te hacen sentir la peor mamá del mundo.
La casilla que nadie me nombró. La encontré sola, semanas después, y es de la que trata esta guía.
Ese mapa está incompleto. Hay más casillas.
No hay técnicas. No hay posturas correctas ni tablas de horarios. Hay una historia contada de verdad y, al final de casi todos los capítulos, el permiso que a mí nadie me dio.



Páginas reales de la guía.
Somos Bianca y Erick, y nuestra hija Mía. No enseñamos a criar: mostramos cómo lo vivimos nosotros — incluido lo que hicimos mal.
Esta guía nació porque a mí nadie me contó nada de esto, y porque creo que si alguien me lo hubiera contado, los primeros meses habrían sido menos solos.
Bianca
Pecho directo, mixta, diferida — y fórmula. No hacer menos ninguna. Lo bonito de la lactancia es que cada mamá tenga el derecho de elegir el camino que mejor le queda.
Si la guía te sirve, mándasela a alguien que la esté pasando como yo la pasé. Eso es todo lo que te pido.